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La escarlatina: esclareciendo falsos mitos...

Una de las patologías infecciosas que quizás, sin gran motivo, genere cierta alerta entre los padres, es la escarlatina. No es difícil escuchar "parece que hay en el colegio un brote de escarlatina", como si se tratase de una infección rara y poco conocida o habitual. De todas formas, no por no ser rara es menos importante, por lo que tratando de desechar falsos mitos, vamos a explicar en qué consiste.

La escarlatina simplemente se trata de un cuadro de faringoamigdalitis acompañado de una afectación cutanea originando un exantema.

El germen causante de dicha infección es el mismo que el de una faringoamigdalitis aguda, el estreptococo beta hemolítico del grupo A, que desde su localización libera una toxina que actúa a nivel cutaneo. Por lo tanto, lo que podemos esperar es que la evolución de la infección sea similar al de ésta, sin mayor importancia.

Clínicamente, presenta un periodo de incubación de 1 a 7 días, tras los cuales se origina un cuadro de faringoamigdalitis, de unas 48 horas de duración (puede estar ausente en los casos en los que el foco de la infección es cutaneo). Además la lengua es muy saburral (blanca) y pueden apreciarse adenopatías submandibulares.
El exantema está formado por lesiones muy pequeñas, como cabezas de alfiler, de color rojo intenso, muy confluentes y rasposas al tacto como papel de lija. Puede afectar al cuello, extremidades y tronco, marcándose más a nivel de los pliegues. En la cara la afectación no suele ser intensa y es característico el enrrojecimiento de ambas mejillas en contraste con la palidez del triángulo nasogeniano.
En alguna ocasión, la lengua también puede se aframbuesada, de color rojo vivo y con las papilas muy marcadas.

El tratamiento, por lo tanto, es exactamente el mismo que el de una faringoamigdalitis aguda, es decir, con el mismo antibiótico que utilizaríamos en ése caso (Penicilina V durante 10 días o Eritromicina en alérgicos).

Con todo ésto, esperamos que a partir de ahora, si escuchamos hablar de la escarlatina, nuestra reacción no sea de alerta y podamos actuar de una manera tranquila y más segura, sabiendo que no se trata de una enfermedad infecciosa más grave que una habitual faringoamigdalitis, sin olvidarnos, claro está, que de igual forma que ésta, precisa el tratamiento correspondiente para su resolución.

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